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jul 25

Reseña: Monster Hunter Generations

maxresdefault Durante algo más de 10 años, y es algo tan criticable como sorprendente. Primero, por lo claro que lo tiene Capcom. Segundo, por lo bien que sigue funcionando. Monster Hunter Generations lo demuestra desde la primera partida. Entras, creas tu personaje, llegas al pueblo, te enteras un poco de qué va la cosa (no muy difícil) y emprendes tus primeras misiones. Es muy satisfactorio. Incluso las primeras tareas, como recolectar unos helechos, se hacen interesantes. No por la propia misión en sí, sino por la permanente sensación de progresión que tienes durante la partida. Además, esta vez se ha potenciado tanto el “looteo”, que creemos que es una de los videojuegos más reconfortantes de toda la saga. La cantidad de objetos escondidos en el decorado se ha incrementado. Puede que sólo necesitemos setas en una misión, pero acabaremos con el inventario hasta arriba, con mil cosas que después es posible cambiar por dinero o diversas mejoras.   Monster Hunter Generations es una entrega peculiar, pues tiene mucho de retrospectiva, pero su historia es nueva y no se olvida de incluir importantes novedades jugables, tanto en forma de mecánicas como de monstruos. Así, nuestro álter ego es un cazador que se une a la Wycademia, una organización encargada de estudiar los monstruos del mundo, estructurado en torno a cuatro pueblos recuperados de diversas entregas de la saga: Bherna, Kokoto, Pokke y Yukumo. Todos ellos están habitados por multitud de personajes que nos harán encargos con jugosas recompensas y que os resultarán familiares, a poco que seáis asiduos de la saga. Si cuatro son las aldeas, cuatro son también los monstruos icónicos de esta entrega. Conocidos como los cuatro predestinados, Astalos, Gammoth, Mizutsune y Glavenus son criaturas de nuevo cuño que tienen en vilo a ese cuarteto de poblados. Nuestro objetivo será pararles las patas. Como de costumbre, el argumento es muy ligero y no tiene más importancia que la de dar un trasfondo a las misiones, pero el humor de los diálogos, en especial cuando hay algún felyne de por medio, es muy destacable. El estilo del gremio es el más versátil a la hora de encadenar ataques, mientras que el estilo sombra está pensado para hacer bloqueos y lanzar contraataques devastadores. El estilo ariete permite cargar los indicadores más rápido y el aéreo concede una gran agilidad para saltar y esquivar. Nuestro favorito es este último, que le da una nueva dimensión al control. Por ejemplo, aunque estemos usando un martillo, podemos catapultarnos por el aire como si estuviéramos manejando el glaive insecto, arrear un golpe y montar sobre la chepa del monstruo de marras.

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En relación con la menor dificultad, sucede una cosa que conviene explicar. En Occidente, estamos acostumbrados a que nos lleguen las ediciones ampliadas de cada entrega (apellidadas ‘G’ en Japón y ‘Ultimate’ por estos lares), que, una vez que se han superado los títulos de crédito, siguen añadiendo infinidad de misiones, a cada cual más desafiante. Eso no está en la campaña principal de esta entrega, que no ha tenido edición mejorada y cuyas misiones más avanzadas son las de seis estrellas, sin que haya encargos de rango alto.

Como consecuencia de esa ausencia de rango alto y rango G, el número de misiones de esta entrega no es tan vasto como el de MH4U, pero sí es muy generoso. Gracias al medio centenar de monstruos grandes, hay en torno a 200 misiones estándar, y no hay que olvidar que es casi obligatorio repetirlas muchas veces, de cara a obtener determinadas partes de cada monstruo para crear equipamiento, que, por cierto, ahora, tiene nivel, lo que hace que los árboles de mejora estén aún más ramificados. Además, habrá actualizaciones gratuitas que añadirán nuevos encargos, por lo que no se le puede reprochar nada a Capcom. Aclarado eso, hay que decir que el multijugador cooperativo de esta saga es uno de los mejores de la historia, y esta entrega no es una excepción. Ya juguemos en red local u online, es una auténtica gozada coordinarse con otros tres cazadores para derribar a los monstruos más salvajes. Como curiosidad, si sois nuevos en la saga, descubriréis que el juego cuenta con una comunidad de usuarios bastante altruista, y no será extraño que os encontréis con alguien que se preste a haceros de cicerone. En relación con eso, los servidores funcionan con fluidez y la búsqueda de partidas es muy ágil, aunque también podemos crear nuestra propia sala privada para invitar sólo a nuestros amigos. No se habla lo suficiente de lo increíblemente satisfactorio y adictivo que es el cooperativo de esta serie, así que reivindicarlo es lo menos que se puede hacer. Su evolución no impacta tanto como la de MH4 Ultimate, pero es una genial restrospectiva de la saga que añade contenidos nuevos y les da una vuelta de tuerca a los fundamentos jugables.

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Para jugar en solitario, merece mucho la pena; para jugar en compañía, no sólo es gloria monstruosa, sino que no hay prácticamente nada que le pueda plantar cara. Generations está hecho para hacerle dedicación intensiva. Es uno de esos videojuegos que se hacen prácticamente imprescindibles si aprecias su larga duración y la tradición Monster Hunter. Una tradición que se empeña en mantener sus claves principales, pero sin por ello renunciar a integrar novedades muy importantes: estilos de caza, gatadores y la variedad más potente de la serie hasta la fecha, la cual se complementa con toneladas de contenidos. Un buen trabajo por parte de Capcom, más si encima atrae tanto veteranos como a nuevos jugadores: las generaciones Monster Hunter.

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